Él salió asustado, corriendo, muy agitado, en su cuerpo se
podía ver la transpiración cayendo de su rostro.
Corría entremedio de la maleza y los arbustos… nada lo detenía.
De pronto se detuvo, observó hacia arriba otra vez, vio todo su alrededor, tomó una piedra, caminó en reversa como esperando algo o a alguien.
En pocos segundos se vio frente a frente con dos hombres de aspectos tenebroso. Ellos los sujetaron, sometieron y finalmente lo colgaron. En ese momento, el hombre llorando pidió piedad, ofreció dinero a cambio de su vida, pero nada pudo satisfacer a los sujetos.
Antes de que llegara su fin, él con su último aliento, les
prometió vengarse, en esta vida o en la otra y terminó aceptando lo inevitable.
Javier González - Imagen: CC Roberto Rizzato

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