El mundo musulmán está integrado por alrededor de 50 países tales como, Arabia Saudita, Argelia, Bahréin, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Irak, Libia, Marruecos, Guyana y Surinam entre otros. La mujer vive en él y además se encuentra dispersa en todos los continentes.
La construcción de género en estas sociedades parte de la existencia de una división complementaria de actividades según el sexo que conllevaba. Según éste, a las mujeres les atañen las responsabilidades domésticas y familiares del espacio privado, y a los hombres todas aquellas actividades que se desenvuelven en el espacio público como laborales, políticas, entre otras. Sin embargo, en Irán, Jordania, Siria o Emiratos Árabes hay diputadas y ministras.
En Arabia Saudita, las mujeres no pueden caminar solas, viajar solas, ni estudiar o trabajar sin un permiso de su custodio, un varón de la familia responsable legal que a menudo es menor a ella y tiene una formación muy inferior a la de su protegida.
En la sociedad musulmana, lo que se relaciona con la sexualidad está sometido al tabú. Sin embargo, el Islam se caracteriza por una actitud positiva hacia ella al contrario de otras religiones donde el placer es negado, declarado fuera de ley o al menos desacreditado.
La religión del islam es una de las principales causas a las que se le atribuye la discriminación de la mujer en las; pero se considera que la situación que sufren actualmente las mujeres en ciertos países musulmanes no ha sido directamente dictada por el Corán. En muchos casos, se trata de costumbres anteriores a la incorporación del islam y, sobre todo, a la errónea interpretación por parte de los ulemas (expertos en leyes del lugar). Estas interpretaciones se realizaron en el marco de una sociedad en la que los hombres eran los principales sustentadores económicos de las familias, de manera que se extendieron y no han sido revisadas. Tradicionalmente los juristas islámicos han sostenido que las mujeres sólo pueden contraer matrimonio con hombres musulmanes.
También está estipulado que los hombres poseen el derecho de utilizar el cuerpo de sus mujeres como una posesión, cuando el hombre lo desee, el consentimiento de la mujer no está sujeto a discusión. Todas estas prácticas facilitan que el hombre pueda maltratar también a sus esposas si “sospechan de la lealtad” de ellas.
Las mujeres tradicionalmente visten un chal para la cabeza llamada “hijab”, aunque hay algunas musulmanas modernas que no lo hacen. Muchos sostienen que usar un hijab o un velo no es obligatorio, pero los países predominantemente islámicos refuerzan los códigos de vestimenta obligatorios.
Javier González, Salomé Toledo, Melanie Acosta, Marcos Linares 4to B T.M

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